Durante la conquista los
españoles impusieron la religión católica
a los pueblos indígenas correspondiendo a los frailes
dominicos catequizar a los naturales de Tlaltizapan, Telpancingo,
y Tecalpulco, que pertenecía al señorío
de Zumpahuacán.
Después de vencer los obstáculos por la resistencia
de los naturales, fueron bautizados con nombres de los miles
de santos que registra el calendario romano. Pero no sucedió
así con los pobladores de Zumpahuacán, cabecera
del señorío y residencia de los pobladores indígenas
de la región, que se resistieron a aceptar la religión
española y permanecieron fieles a sus dioses.
Al enterarse de que los demás pueblos habían
cambiado de religión, los sentenciaron a muerte. Un
mes antes de esta determinación los naturales de Tecalpulco
recibieron la estatua del padre Jesús, del tamaño
de un hombre.
En eso, un indígena de Zumpahuacán, arriesgando
su vida, avisó a sus hermanos de raza el peligro que
corrían; los indígenas católicos se postraron
ante la estatua pidiéndole que los alejara del peligro.
No faltó quien dijera que fue el padre Jesús,
que vestido de indígena les avisó del peligro.
Tras una penosa travesía, llegaron al pueblo que hoy
es Taxco el Viejo, el cual por carecer de agua, abandonaron.
Fue así como en el año de 1545, fundaron el
nuevo Tecalpulco, hoy municipio de Taxco. |