Santa Prisca Retablos
San Francisco de Sales,
de quien ya hemos hablado antes, porque está
representado también en el altar de la Virgen
de Guadalupe, fue obispo, doctor y fundador. Se dedicó
a la conversión de los calvinistas y escribió
varios libros de ascética. Probablemente haya
tenido algunos otros méritos especiales para
figurar en esta alegoría, al lado de los santos
que ejernplifican con su vida y obras los caminos para
la salvación de las almas.
La presencia de Santa Gertrudis
queda también ampliamente explicada, porque esta
mujer fue una monja benedictina famosa por su gran amor
a Dios y su ascetismo, que quedaron manifiestos en varios
escritos, siendo parti- cularmente conocido el qiqe
se titula Revelaciones. Es otra de las santas estigmatizadas,
que luchó desmedidamente por la perfección
espiritual y que constituye uno de los grandes "modelos"
de perfección religiosa más dignos de
imitación. Murió en 1302. En el cuadro
la vemos llevando en la mano su corazón inflamado
del más ardiente amor por Cristo.
Las tres pinturas del remate están también
claramente vinculadas con el tema de la salvación
de las almas. Las dos de los extremos representan a
Cristo y a la Inmaculada sacando ánimas
del purgatorio, y la de en medio representa a Nuestra
Señora del Carmen o del Santo Escapulario.
Esta advocación de la Virgen que toma su nombre
del Monte Carmelo, en donde el profeta Elías
vió la nubecilla milagrosa, es muy popular entre
los fieles, porque a ella -según la tradición-
se debe el empleo del escapulario como talismán
para ganarse la salvación eterna. Con esta prenda
la Virgen quiso distinguir a la orden carmelitana apareciéndosele
a San Simón Stock, a quien le entregó
el escapulario diciéndole que: "... los
que con él murieren no padecerán el fuego
eternal".
En los cubos de los estípites, hay figuras de
doncellas y mancebos o arcángeles, pero no hemos
podido identificar a todas. En el estípite izquierdo
desde el punto de vista del espectador hay una doncella
que lleva una flama en sus manos y otra que al parecer
va portando una chinela dorada. En el estípite
derecho se asoma Santa Lucía
con sus ojos en la mano, y otra de las figuras lleva
una palma del martirio. Aunque no sepamos a quiénes
pertenecen todos esos rostros candorosos, es evidente
que representan el martirio de alguna manera; la heroicidad
de unas vidas que prefirieron el martirio con tal de
salvar la pureza de sus almas.
Los medallones que ornamentan el frontal de la mesa
del altar completan esta alegoría, recuerdo,
advertencia y símbolo de lo que debe ser una
muerte cristiana. En los tres medallones aparecen calaveras;
una va coronada, otra lleva tiara y la tercera luce
mitra, significando con ello que la muerte iguala a
todos y no respeta las altas categorías que pueden
alcanzar los individuos en este mundo. (Continúa
con el Retablo dedicado a la Virgen María...)
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