Retablos de Santa Prisca y San Sebastián

 

Altar Mayor (Pág. 4 de 5)
 
 
Retablo Mayor ó Principal (Pág 4)

...viene de la  Página 3  (Retablo Mayor...)

Sin embargo -como dejamos asentado- no hay que, olvidar el hecho que registra Manuel Toussaint en cuanto a que este santo tuvo su ermita, al parecer en lo que ahora es la calle del Arco, y que al arreglarse el terraplén para la fabricación del templo, el culto de San Sebastián se llevó a la actual iglesia.

Esto último es muy probable ya que este culto, como es bien sabido, es muy antiguo en la Nueva España, ya que vino a sustituir la devoción prehispánica por Xochipilli, a quien San Sebastián se asemejaba por su juventud, belleza y otros atributos. En los alrededores de Taxeo se encuentran imágenes de este santo, como por ejemplo en la hacienda de San Francisco Cuadra -construcción que data del siglo XVI-, que prueban la popularidad y antigüedad del culto en toda la región.

San Sebastián también fue mártir romano, soldado, oriundo de Narvona, según una leyenda anónima y apasionada del siglo V. Los emperadores Dioclesiano y Maximiano lo distinguieron con sus atenciones y le confiaron el manejo de la primera cohorte cuando este joven ya era cristiano sin que ellos lo supieran.

Instruyó a muchos en la Fe, y cuando la persecución estalló, varios de sus amigos fueron mártires y él mismo fue descubierto y mandado asaetear. Las saetas no lo mataron, y una mujer de nombre Irene lo llevó a su casa y lo curó.

Después de una larga convalecencia Sebastián volvió a actuar, y encontrándose al emperador le reprochó la persecución que hacía en contra de los cristianos, por lo que fue condenado a ser apaleado hasta morir y su cuerpo arrojado a la cloaca máxima. Sin embargo su cadáver se atoró en unas ramas y fue encontrado por una mujer de nombre Lucina, quien lo sepultó en la Vía Apia cerca de la tumba temporal de San Pedro y San Pablo. Posteriormente -según el autor anónimo de esta leyenda- en ese lugar se construyó una basílica dedicada al santo, pero el hecho histórico es que la primera basílica fue dedicada a la memoria de San Pedro y San Pablo y que a fines del siglo VIIi fue cuando se dedicó a San Sebastián. Como las flechas, por una antiquísima creencia, se consideraban símbolo de las pestes, a este santo se le proclamó como abogado especial contra las epidemias; atributo que seguramente seguía siendo muy estimado por los habitantes de Taxco en la época colonial.

El eje vertical central de la composición del retablo encierra las más altas representaciones simbólico-religiosas, como es de comprenderse. Cinco dogmas de la Fe se encuentran aquí reunidos a la vez que constituyen toda una estructura teológico alrededor de la cual se acomodan los demás motivos y temas religiosos.

a) En la cúspide de la obra puede verse la imagen del Padre Eterno, la Primera Persona de la Santísima Trinidad, quien engendró al Hijo y al Espíritu Santo, inefable mis- terio de la religión católica que constituye uno de los dogmas esenciales. Aparece la figura del Padre Eterno hasta la cintura, en actitud de bendecir a la humanidad y apoyado sobre una esfera cósmica que simboliza su creación del Universo.

b) Un poco abajo de Él, emerge en el centro del remate del retablo, la figura completa, de pie, de San Pedro, primer Papa de la Cristiandad y mártir que como se sabe fue pescador de oficio y luego uno de los discípulos queridísimos y escogidos de Cristo. Se dice que nació en Betsaida, Galilea, que residió algunos años en Antioquía y después en Roma, en donde fue crucificado hacia el año 67. Es desde luego patrón de los pescadores; pero en esta representación lo que se destaca, más que su labor como apóstol, es su categoría de primer Papa de la cristiandad.

Con ello, así como por las numerosas representaciones de Papas -de todos los tamaños, que abundan en el retablo-, creemos que quedan implícitos unos de los más altos atributos que todo buen cristiano debe reconocer en estos representantes de Cristo: su origen divino y el dogma de la infalibilidad, que si bien fue proclamado como tal por el Concilio Vaticano en 1870, estaba arraigado en las conciencias desde la etapa apostólica, pues Pedro, heredero de ese privilegio divino debía y podía trasmitirlo a sus sucesores. Este dogma consiste en creer que cuando el Papa habla excátedra lo hace inspirado por la Divinidad y por eso es infalible.

Debemos hacer un paréntesis entre la explicación de los dogmas, para mencionar dos elementos religiosos que aparecen colocados justamente en línea descendente, después de la figura de San Pedro y por debajo de la cornisa divisoria de los cuerpos del retablo. Se trata de la representación del Sacratísimo Corazón de Jesús, que lleva una cruz clavada, y que, coronado de espinas y radiante dentro de los rayos luminosos que lo rodean, simboliza el martirio de Cristo por su amor a la humanidad. Un poco más abajo se asoma la figura de San Miguel Arcángel, que lleva inscrita en su escudo la frase que le corresponde como príncipe de los ángeles, vencedor de Lucifer y protector de la iglesia: Quien como Dios.

Continuamos ahora mencionando los dogmas.

c) Según hemos dicho varias veces, en el nicho central podemos admirar la bellísima imagen de María Inmaculada o -como también se conoce- de la Purísima Concepción. Si bien este dogma de fe aún no era tal, oficialmente, cuando se construyó este retablo, de hecho sí lo era, por la fe y el entusiasmo devotísimo que despertaba en la mayor parte de los teólogos y fieles, según ha quedado demostrado por la historia. Por eso lo registramos aquí entre los dogmas obligatorios de la fe, pues creemos que la alta jerarquía y preeminencia que se dió a esta advocación de la Virgen -como patrona del templo y figura central del retablo mayor- así lo exigen.

Esta creencia fue declarada dogma mediante la Bula Inefabilis, por Pío IX en el año de 1854, es decir, casi un siglo después, de que se construyera este altar, y consiste en creer que ". . . el alma de la Virgen en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo, fue, por especial gracia y privilegio de su Dios, preservada inmune de toda mancha de pecado original, en atención a los méritos de su Hijo Jesucristo, Redentor del humano linaje..." Esta doctrina se extendió desde el siglo XI, y a pesar de las controversias que húbo, se siguió propagando y fue a principios del siglo XIV cuando el sabio Duns Escoto dio solución clara y precisa a la discusión, estableciendo la distinción entre la redención liberativa, reservada al género humano en general y la redención preservativa, concedida especial y solamente a la Virgen María, aumentándose con esto los partidarios de la devoción.

El entusiamo siguió creciendo mucho en el siglo XV y en adelante sobre todo en España, de manera especial después del Concilio de Trento, tanto que el 17 de julio de 1767, la Inmaculada Concepción fue declarada patrona de España y de sus reinos, lo cual explica la ya profunda y extendida devoción que se le tenía en la Nueva España cuando, se construyó la iglesia de Taxco.

De hecho desde 1661, Alejandro VII, por petición de Felipe IV de España, declaró la doctrina de esta devoción casi en los mismos términos que después tendría el dogma, y para 1708 era ya fiesta de precepto. Hemos querido, con esta breve síntesis sobre el dogma de la Purísima, aclarar el hecho de que éste se refiere al momento en que San Joaquín y Santa Ana concibieron a María por vía natural, y no al momento en que la Virgen concibió, por vía sobrenatural, a su Hijo Jesús. Taxco contribuyó con este retablo a la exaltación de tan importante devoción mariana.

d) En el Sagrario del altar se encierra el más alto misterio del catolicismo: la Eucaristía, que constituye otro dogma, consistente en creer que las hostias consagradas se convierten realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo Redentor. Es éste, para los católicos, el más estupendo de los milagros obrados por Dios, el milagro de los milagros, porque supone la conversión de una sustancia en otra, la existencia de unos accidentes sin su sustancia, la presencia de Jesús en varios sitios al mismo tiempo, etcétera; por eso San Juan Damasceno ante la consideración de tantos prodigios llama a la Eucaristía "el taller de los milagros". Acompañan a este gran misterio, sobre el manifestador donde se expone la custodia con la hostia consagrada, la representación -en preciosas tallas de pequeño tamaño- de las tres virtudes teologales: la Esperanza, la Fe, al centro y la Caridad. (continua...)

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