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Ofrendas del 2009
en Taxco y otras Comunidades
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ORIGEN DEL DIA DE LOS MUERTOS EN MEXICO
La muerte es el destino inexorable de toda vida humana
y es natural que nos asuste y angustie su realidad,
sobre todo cuando vemos de cerca el peligro de morir
o cuando afecta a nuestros seres queridos. Este resumen
dedicado a la celebración del Día de Muertos tiene el
propósito de acercar a niños y adultos con la idea de
la muerte, para que la vayan aceptando como parte inevitable
de la vida humana, conocer cómo algunas culturas antiguas
también hacían ritos sobre la muerte; y fortalecer el
carácter desde el punto de vista religioso. Además,
espero pueda ayudar a entender mejor la sensibilidad
mexicana, nuestra manera tan particular entender y dar
sentido a la celebración del Día de Muertos. Más que
el hecho de morir, importa más lo que sigue al morir.
Ese otro mundo sobre el que hacemos representaciones,
costumbres y tradiciones que se convierten en culturas,
todas de igual importancia, pues ante el camino desconocido
que la muerte nos señala, sólo es posible imaginarla
con símbolos.
EL DÍA
DE TODOS LOS SANTOS EN TAXCO DE ALARCÓN
Se tiene listos los tamales enrollados, los tamales
amarillos de carne de res, pescado, y camarón; tres
o cuatro ollas de tepache de 80 litros; una o dos latas
de mezcal, muchos paquetes de cigarros y tabaco de hoja.
Las bandas se aprestan a tocar en la iglesia y en el
Panteón de San Celso la música elegida por los deudos.
Limpiar las Tumbas y adornarlas es una tarea sagrada;
el ambiente de la zona se presta para la devoción: la
bruma se extiende sobre la población mientras un músico
solitario toca la trompeta en un camino apenas recorrido.
El gris de las tumbas y la tierra seca se empiezan a
teñir con el amarillo brillante de las flores y las
fosas se decoran dejando volar la imaginación para construir
un sitio digno para los difuntos. Los niños imitan,
tocan en las bandas infantiles, se contagian de las
antiguas costumbres e inician su aprendizaje yendo de
casa en casa comiendo las ofrendas: recetas ancestrales
preparadas por las hábiles manos de sus madres y abuelas,
guardianas de la tradición y que año con año ofrendan
y agasajan a sus muertos.
EL DÍA DE MUERTOS EN TAXCO DE ALARCÓN
Esta fiesta en todas sus manifestaciones es más pagana
que cristiana. El día 2 de noviembre es dedicado
a los fieles difuntos por la Iglesia Católica y siendo
los mexicanos casi en su totalidad creyentes, empiezan
este día rezando por sus difuntos y acaban por brindar
a su ¡salud! y haciendo un paso de historia encontramos
que se rinde culto a los muertos desde la época prehispánica;
así vemos las ofrendas dejadas junto al difunto con
todo lo que pudiera serle útil en su viaje para llegar
al mundo de los muertos.
Este es el principio de las ofrendas actuales, fusión
pues pagana-cristiana de nuestras tradiciones. El espíritu
de la ofrenda actual es un rito respetuoso que toda
la familia prepara para recordar a los que se has ido,
y que, según la creencia, regresan este día para gozar
lo que en vida más disfrutaban. Para esta ofrenda, en
un lugar principal de la casa se coloca una fotografía
del "muertito"; claro que si no se tiene se coloca una
calaca de cartón, con el sombrero usado por el difunto
y que se guarda para este fin junto a los objetos personales
y más queridos como su guitarra, instrumentos de trabajo,
los cigarros, la bebida preferida, etc.
Sobre una mesa se disponen los platillos tradicionales
de nuestra cocina: mole verde y rojo, calabaza de tacha,
tamales, aguas frescas, todo esto lo adornan "calaveritas"
de azúcar que llevan en su frente los nombres más socorridos
de nuestro México. Dulces de alfeñique de diversas formas,
animales, canastitas de flores, cruces, etc. También
el campo rinde culto a la muerte, pues en él se han
sembrado multitud de semillas de flor de zempoaxochitl
que florean para adornar las ofrendas; estas flores
en jarros y floreros y simplemente formando guirnaldas
son imprescindibles y representativos solo de esta fecha.
Un papel muy importante en las ofrendas es el "pan de
muerto", bizcocho adornado con formas de huesos hechos
de la misma masa y espolvoreado con azúcar; resulta
usual encontrarlos todo el mes de noviembre en las panaderías,
las que por cierto están adornadas en estos días con
pinturas efímeras en sus vidrieras y aparadores, otra
expresión que nos pasa inadvertida. No faltan los cirios
encendidos en recuerdo de los ausentes y el copal quemándose
en los sahumadores; esto es tan importante por la creencia
de que son los aromas los que atraen al alma que vaga.
Son por supuesto los "muy vivos" los que disfrutan de
todo este festín. Además, la visita a los cementerios
se hace de obligación. Toda la familia llega a la tumba
de su ser querido, escoba y plumero en mano, ya que
hace un año que nadie se ha parado ahí; la llenan de
flores y juntos comparten la comida.
LA CELEBRACION
EN LA ACTUALIDAD
Esta celebración conserva mucha de la influencia prehispánica
del culto a los muertos, las encontramos en Tláhuac,
Xochimilco y Mixquic, lugares cercanos a la ciudad de
México. En el estado de Michoacán las ceremonias más
importantes son las de los indios purépechas del famoso
lago de Pátzcuaro, especialmente en la isla de Janitzio.
Igualmente importantes son las ceremonias que se hacen
en poblados del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca y en Cuetzalán,
Puebla.
Sobre sus altares encienden velas de cera, queman incienso
en bracerillos de barro cocido, colocan imágenes cristianas:
un crucifijo y la virgen de Guadalupe. Ponen retratos
de sus seres fallecidos. En platos de barro cocido se
colocan los alimentos, estos son productos que generalmente
ahí se consumen, platillos propios de la región. Bebidas
embriagantes o vasos con agua, jugos de frutas, pan
de muerto, adornados con azúcar roja que simula la sangre,
galletas, frutas de horno y dulces hechos con calabaza.
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