La notable rapidez con que fue construida la Parroquia de
Santa Prisca y San Sebastián (de febrero de 1751 a
diciembre de 1758) explica en gran parte su unidad de estilo
y su equilibrio de formas; una razón más es
que se contrató a los mejores artistas y canteros de
la época.
En ese entonces Taxco era uno de los reales de minas más
importantes de la Nueva España; desde hacía
muchos años sus ricos yacimientos de hierro, plata,
oro, estaño y otros minerales habían llamado
la atención de varios inversionistas. Don
José de la Borda, oriundo de Olorón, Francia,
llegó al real en 1716 y al cabo de pocos años
acumuló una gran fortuna. Cuando por fin decidió
edificar la iglesia su influencia era enorme, al grado de
que exigió al gobierno completa libertad en el diseño
de la obra.
Para suerte de todos, tal decisión se cumplió
al pie de la letra, y el resultado fue, en palabras de Francisco
de la Maza: "El ejemplo más completo del barroco
mexicano... La única obra, entre las grandes creaciones
del siglo XVIII, que permanece intacta y que fue terminada
en la época en todos sus detalles".
El 23 de febrero de 1751, Don
José de la Borda, comenzó la construcción
de la actual Parroquia de Santa Prisca, después de
obtener del Arzobispo el permiso correspondiente y con el
fin de que su hijo don Manuel de la Borda, sacerdote, pudiera
tener un templo de su alto ministerio, así como para
favorecer al mineral de Taxco. Esta construcción fué
terminada el 3 de diciembre de 1758 y consagrada hasta el
12 de mayo de 1759. La obra fué dirigida por el arquitecto
francés Don Diego Durán y Juan Caballero, así
como el arquitecto español Cayetano de Sigüenza,
los retablos fueron
obra de la diestra mano de los zaragozanos Isidro Vicente
y Luis de Balbás.
Las principales pinturas del salón de la Sacristía
y otros del interior se deben a las manos mágicas del
exquisito y hábil pintor oaxaqueño: Don Miguel
Cabrera (las telas de este artista pueden apreciarse tanto
en el tímpano de la entrada a la capilla del Padre
Jesús, o de Los Indios, situada junto a la nave, como
en la sacristía, detrás del presbiterio.). En
la sala capitular
se encuentra una galería de retratos de personajes
relacionados con la historia de Taxco que son obra de Miguel
Cabrera, José Miranda, Ramón Torres entre otras
obras anónimas. De los retratados destacan las figuras
de José de la Borda, Manuel de la Borda, Juan
Ruiz de Alarcón, el Obispo Alonso Núñez
de Haro y Peralta, el Bachiller Becerra y Tanco, etc.
La planta de Santa Prisca es en forma de Cruz Latina y tiene
adosada una Capilla que se conoce como de los indios porque
está levantada en el terreno que donaron los indios,
es llamada también del padre Jesús por la imagen
que venera. Sus fachadas están talladas en cantera.
En la portada enmarca un alto relieve que representa el bautismo
de Cristo. Hay nueve retablos
en el templo de Santa Prisca y tres en la Capilla de Jesús
Nazareno: de San Isidro Labrador, de Santa Lucía, de
San Juan Nepomuceno, nuestra Señora del Pilar, de San
José del Calvario, nuestra Señora de Guadalupe,
nuestra Señora del Rosario y el retablo mayor que se
dedica a la inmaculada concepción de María y
a los santos patronos Santa Prisca y San Sebastián,
los otros tres es el de las ánimas, de la Inmaculada
Concepción y el de Jesús Nazareno.
Sus nueve retablos
están cubiertos con hoja de oro- y pilastras de cantera
rosa, también ornamentadas, lo que produce un contraste
de color y forma que realza aún más a los retablos.
Éstos se encuentran colocados gradualmente por tamaños,
riqueza ornamental y jerarquía eclesiástica:
dos en el sotocoro, cuatro en la nave y tres más en
el crucero. Los primeros seis pertenecen a la modalidad anástila
(sin pilastras), mientras los del crucero lucen una profusa
ornamentación en sus estípites. Entre las múltiples
imágenes sacras vale la pena mencionar la de Santa
Prisca, en el altar mayor, joven que fue decapitada por los
romanos después de que los hambrientos leones ni siquiera
la habían tocado.
Otros elementos sobresalientes en el interior de Santa Prisca
son el órgano -que domina la nave desde el coro-, y
el púlpito con su tornavoz fabricados con maderas preciosas,
los cuales se conservan intactos después de casi un
cuarto de milenio.
Santa Prisca es, desde cualquier ángulo, un prodigio
donde la arquitectura, la escultura y la pintura se funden
en el simbolismo. Las dos esbeltas torres y la fachada que
miran al poniente están profusamente decoradas, si
bien el primer cuerpo de cada torre, austero, es un descanso
para la vista y equilibra los espacios.
La pendiente sobre la cual fue levantada la ciudad de Taxco
permite apreciar el templo desde un ángulo superior
a pocos centenares de metros. Entonces la fachada y sus torres
se combinan con la cúpula ochavada, cubierta de azulejos
y rematada con una linternilla.