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Muerte
sin brazos |
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Puerta
"Calle de la Muerte" |
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En el lado norte de la Parroquia
de Santa Prisca nos muestra una interesante portada de
Jambas y Dintel almohadillado, capeto ornamentado, frontón
cortado en voluptas, y como remate de todo, el símbolo
de la muerte, a quien el tiempo ya dejó sin brazos
ni guadaña.
Narra la leyenda de esta calle,
que en tiempos de la Colonia, un hombre que vivía por
esta calle, temeroso de que la muerte lo molestara optó
por destruirle los brazos.
La portada de ese lado de la parroquia es una
fantasía en ebullición, nos produce a la vez
dos impresiones distintas: la de las cosas burlescas y la
de las cosas trágicas.
La composición del lugar resultó completa.
Pues el nicho que está en el ángulo saliente
del rincón y el ojo de buey que en el mismo saliente
luce estupendo trabajo de hierro. Estilización la Cruz
de Calatrave. Viene a completar el ambiente de angustia de
ahí reina. Una especie de eco, un Soliloquis
Shakespeariano.
El lugar en que se encuentra, que es seguramente
el punto en que el artífice refugió toda su
fantasía. Es un rincón doliente, vago y delicado
a la vez, en donde el sol, por la orientación del muro,
jamás baja sus rayos a dar vida y color , por lo que
en manchas negruscas y en húmedos jarrados, se mira
la huella de las lágrimas de las lluvias que ahí
han azotado largos años.
Hace muchos años, a fines del
siglo XVIII, cuando la Iglesia estaba flamante, por
esa puerta salían con pasos sigilosos y rostros recatados,
los viernes de cada mes los hermanos de la "Cofradía
de la buena Muerte". Entonando cánticos
penitenciarios que en el silencio de la noche se oían
como rumor de apagado llegado de otro mundo y en cuyas estrofas
se pedía paz y gloria para el alma de los deudos muertos
en pecado.
Poco tiempo después de la Independencia
Mexicana, esta hermandad desapareció y con ella
la piadosa costumbre de llevar esperanza hasta más
allá de la vida. Ahora abre de cuando en cuando para
que pase algún restaurador de edificios o algún
curioso de las alturas que muestran las torres; pero como
ya no pasan bajo del Dintel los hermanos de la Cofradía
de la Buena Muerte, llevando sus haces de Flores,
de esperanzas nunca marchitas, la puerta perdió su
carácter, pues ya no es como antes la salida de un
cementerio de almas.
En el año de 1914, en
la tenebrosa "Calle de la Muerte",
ocurrió un voraz incendió, se vió en
llamas la tienda de abarrotes del rico taxqueño: Don
Mateo Flores, que era en ese tiempo, la mayor y mejor
tienda surtida de Taxco. La incendiaron los revolucionarios
y el individuo que inició el fuego murió al
salir, cuando accidentalmente cayó y su arma
se disparó contra su pecho.
La Calle de la Muerte franquea
la parroquia del lado norte, se llama así por el esqueleto
que existe esculpido sobre la puerta que dá acceso
a la escalera que sube a las bóvedas y torres de la
Iglesia, esta calle tuerce a la derecha para reunirse con
la Calle del Arco. |